La anécdota de esta travesía no era en un plano encantado lleno de hadas, ni en planos etéricos llenos de ballenas pleyadianas. Esta anécdota se remonta a una gran y caótica jungla, la famosa “jungla de asfalto, tierra de los memes del bolillo": cdmx.
Ernestina, mujer de mediana edad (según la medida de tiempo humana), regresaba de un retiro de 3 días de la selva chiapaneca, en donde había enfrentado epifanía tras epifanía que revelaba grandes enigmas de su ser, de su mente, de su carne, de su alma, de su misión en esta encarnación, en esta vida.
Fueron dos días exhaustos de rituales medicina que mostraban una tras otra tras otra sombra de este pequeño cuerpo y gran gran ser. Días de muchas revelaciones, días de mucho movimiento, días muy fuertes, muy guerreros. Días guerreros que trajeron a la luz los grandes mounstruos que impedían brillar en su máximo potencial a esta alma, y que, a su vez, permitieron demostrar la fuerza y valentía de este espíritu para enfrentarlos, honrarlos y soltarlos.
El tercer día fue de recuperación, de descanso. Un día en el que Ernestina pudo descansar mental, espiritual, energética y físicamente de todas esas revelaciones, de todas esas muestras de lo que existía oculto en sus cuevas internas.
Y para el cuarto día… tocaba volver a su otra realidad: su cotidianidad mundana de persona con responsabilidad tributaria, intentando sobrevivir al caos externo que el mundo político-económico ha formado.
¿El verdadero trabajo apenas empezaba?
Después de un fin de semana tan lleno de movimiento, tocaba integrar lo encontrado en aquellas cuevas, a la par que Ernestina, en su forma de carne y de ciudadana, intentaba surfear su vida personal, laboral, física y espiritual.
Todo un reto, ¿no?
Volver de esas junglas internas un poco débil y cansada para retomar el ritmo de las junglas externas, tan caóticas y pujantes.
Pero dentro de todo ese caos, por fin, Ernestina había encontrado esa llama: su llama interna. Ese motor que, a pesar de haberlo encontrado en condiciones de debilidad, ahí estaba, justo antes de que se apagara y listo para ser reavivado.
De esa llama, Ernestina se iba a agarrar para integrar lo que había encontrado en esa misma cueva. En esa misma cueva donde habitaban esos grandes mountruos, y también esa llama, su llama.
Los días pasaron y Ernestina estaba un poco (bastante) irritable. Muchas de las personas de su entorno le enfatizaban que los resultados de su viaje parecían no ir tan bien. Lo que no sabían es que, justamente lo que antes se guardaba en las cuevas, Ernestina lo había traído a la luz, por eso ahora era visible lo que antes no.
Por eso, ahora Ernestina tenía una capacidad de discernimiento más desarrollada, y para ello necesitó sensibilizarse más. Porque sí, a veces necesitamos romper ciertas capas de dureza para acceder a esas cuevas, y cuando uno rompe, se sensibiliza. Cuando uno rompe sus capas, uno queda a veces abierto, sensible, y es esa misma apertura la que deja paso a lo nuevo y evolucionado, a lo nuevo y más amoroso.
Poco a poco, Ernestina fue comprendiendo que, para integrar se debe soltar aquello que ya no sirve, aquello que ya es obsoleto, aquello que “estorba” el crecimiento, para darle espacio a lo que sí nutre, a lo que sí permite crecer, evolucionar, disfrutar.
¿Fue fácil para Ernestina? Tal vez, tal vez no. Pero no se trata que sea “fácil” o “difícil”, se trata que uno lo disfrute, que uno lo goce. Pero eso, eso ya será abordado en otro relato.
Wow Vaya camino!!! Felicidades hermosa! Cada día más liviana y ligera :) más tú!
🌌❤️🔥✨ super!