En 2020, cuando el mundo entero se paralizaba por la pandemia, yo me encontraba en mi propia tormenta: sin empleo, atrapado en una crisis existencial que me robaba el sueño y con el miedo latente de quedarme sin opciones.
Veía cómo el mundo digital se convertía en una nueva tierra de oportunidades y decidí prepararme. Quería aprender, evolucionar, encontrar un camino. Pero cada día que pasaba, mis recursos disminuían, y la pregunta me atormentaba: ¿sigo capacitándome o busco un empleo seguro?
Era una batalla interna entre lo que siempre había conocido y lo que mi intuición me decía. En otro momento de mi vida, habría elegido la estabilidad de un trabajo. Pero esta vez, algo dentro de mí sabía que no quería volver atrás. Así que me mantuve firme.
Hasta que llegó el día que tanto temía. Abrí mi billetera y solo quedaban $100 pesos. Nada más.
Cerré la cartera, puse mis manos en el pecho y repetí en silencio: Confío en el proceso. Confío en mí. Confío en que todo está bien. Respiré hondo y seguí con mi día.
Y entonces, la magia sucedió.
Horas más tarde, una amiga me llamó. Le había ayudado a vender su curso, y ahora me decía emocionada, que había sido un éxito. Me agradeció y me dijo que en breve me haría un depósito.
Colgué la llamada y rompí en llanto. Lágrimas de gratitud, de alivio, de certeza.
Aquel momento marcó el inicio de mi gran viaje.
Desde entonces, cada vez que enfrento un reto, me recuerdo a mí mismo lo que he superado. Que todo es parte del proceso. Que solo debo confiar y dar el salto de fe.
Qué hermoso Isa!! Un bello reflejo de que dios universo esta acompañándote cuando tú estás cuidándote y confiando en tu corazón :) ♥️